Para mí ha sido muy emocionante porque Javier fue uno de los autores que más me marcaron en mis inicios en la formación virtual, especialmente por su artículo “El e-Learning y los 7 pecados capitales”
Irene Martínez.
> http://ciberespiral.net/
> ¿Cómo conseguir el planteamiento habitual que defiende en su discurso sobre… el aprender haciendo?
Centrando la respuesta al ámbito educativo distingo 2 partes. La primera tiene que ver con reconocer que Haciendo es la mejor manera de aprender. Aprendemos mucho mejor haciendo y practicando que escuchando, leyendo u observando. Esto es fácil de aceptar. La mayoría de personas (sin ser pedagogos) reconocen que las competencias que tenemos son resultado de lo aprendido a lo largo de su vida (experiencias vividas, desafíos resueltos, decisiones tomadas, errores, aciertos….). También la mayoría saben que el impacto que tuvo su paso por las aulas para desarrollar dichas competencias fue muy escaso (sobre todo si lo comparamos con la gran cantidad de horas invertidas). Para vivir, importa mucho más… ser capaz de hacer cosas (relacionarse con personas, comunicarse, vender, pilotar un avión, torear, etc.) que saber cosas (historia, matemáticas o gramática). Un examen dice muy poco de lo que una persona sabe hacer, tan solo da pistas sobre su memoria y su capacidad de repetir lo que un profesor quiere escuchar. Podría seguir dando argumentos, pero en general existe consenso acerca de que ir a clase, escuchar y tomar apuntes no es la mejor manera de aprender.
La segunda parte tiene que ver con cómo diseñar aprendizaje para que los alumnos practiquen (en lugar de escuchar o leer). Implica pasar del saber al hacer (sabemos que fumar es nocivo o que hacer ejercicio es saludable, pero del dicho al hecho…). Hay razones de inercia histórica que explican que resulta mucho más cómodo y que exige menos esfuerzo mantener el rito del profesor que entrega contenidos (los mismos cada año y de la misma manera) y de los alumnos que deben estudiarlos y repetirlos en un examen. Al ser un escenario predecible, el profesor mantiene su rol y autoridad, y se siente relativamente seguro. En este caso, los alumnos tiene claras las reglas: si das las respuestas correctas, apruebas y continúas tu carrera estudiantil. En realidad, diseñar programas de aprendizaje donde los alumnos aprendan haciendo es complejo por varias razones: resulta difícil replicar situaciones de la vida real en un aula, lleva mucho tiempo que cada alumno practique y se equivoque, qué hacemos con tantos contenidos que siempre han sido considerados sagrados, nadie quiere apostar por el tiempo y esfuerzo que requiere rediseñar cursos bajo esta nueva óptica…
Ahora bien, también existe un problema principal: la mayoría de los profesores y los diseñadores de currículums no saben cómo transformar sus contenidos en actividades, en tareas, en desafíos, en historias. No tienen las competencias requeridas (y no es culpa suya, las facultades de Pedagogía nunca se preocuparon de ello). Y además el problema también es otro: existen demasiados intereses para que todo siga como está (políticos, padres, muchos profesores, editoriales, etc.). Solo espero que pronto, la situación se vuelva tan insostenible que los alumnos, que son en definitiva los clientes que reciben el servicio, se rebelen y provoquen el cambio que hace ya tiempo debiese haber ocurrido.