Señor Director
Durante 3 días seguidos, los titulares de los diarios se han recreado con la “tragedia” nacional: Los pobres resultados del Simce y por extensión, el desastre de la educación en Chile.
Asumir que los resultados de una prueba de matemáticas son un barómetro de la calidad de la educación es una mentira y un engaño vergonzoso. Pero en el caso de que los resultados hubiesen sido extraordinarios, la realidad de la educación chilena sería igualmente dramática. Un buen puntaje no es sinónimo de aprendizaje ni buena educación.
¿Qué influencia tienen las matemáticas en la vida profesional de un adulto chileno? ¿Y en su vida personal? ¿Cuanta gente dedica su vida a las matemáticas? ¿Un 1%, es decir, 100.000 personas siendo muy pero que muy generoso? Yo estudié el último año de secundaria en USA, tome el nivel más alto de matemáticas e igualmente era el que más sabía con muchisima diferencia (jamás estudiamos Derivadas o Integrales por ejemplo). ¿Como es posible si USA es hoy el lider mundial? No nos equivoquemos, fuera de 5 ó 6 operaciones básicas (sumar, restar y alguna más) el resto jamás se nos presenta y además somos incapaces de recordarlo. ¿Alguien sería capaz de enunciar el Teorema de Ruffini?
¿Podríamos concluir que nuestros compañeros de escuela con mejores puntajes son hoy en dia ciudadanos felices y exitosos? ¿Cuantos chilenos serían capaces de aprobar la PSU?
Las preguntas obvias son interminables pero hay una pregunta esencial que nadie plantea, tal vez por miedo a la respuesta: ¿Para qué educamos?
Quiero creer que para preparar a nuestros hijos para la vida. Y si es así, ¿Qué impacto tienen la biología, la física, el álgebra en la vida que les espera? ¿Por qué no enseñar alfarería ó apicultura? ¿Donde está lo que todos sabemos que es imprescindible, lo esencial para vivir, lo que todos necesitamos y no solo el 1%?: Expresarse adecuadamente, relacionarse y comunicarse con los demás, crear redes y trabajar colaborativamente, razonar, criar hijos, salud, nutrición, finanzas personales, gestionar el estress…
Si educamos para competir, obedecer y sacar buenas notas, luego no podemos pedir innovación y emprendimiento.
¿Alguien se atreverá de una vez por todas a tirar a la basura este pernicioso curriculum del siglo pasado? Apuesto que no, hay demasiados intereses en juego (politicos, profesores, editoriales, dueños de escuelas, padres).
En palabras de Bertrand Russell “El hombre nace ignorante, no estúpido. La educacion lo hace estupido”. En lugar de aprovechar la oportunidad para cambiar, seguimos desangrandonos y dilapidando el tiempo tratando de solucionar problemas inútiles.
Javier Martinez Aldanondo
Gerente Gestión del Conocimiento