Diciembre 11, 2005

La Tercera

Guardado en: Media, JAVIER MARTÍNEZ ALDANONDO — Pablo Odell @ 6:12 pm

Señor director

No deja de llamarme la atención la simpleza con que se asocian los problemas de la educación chilena con los resultados de la PSU, prueba tan inútil como absurda. Las críticas a la calidad de la educación tienen escasa relación con los pobres puntajes, que son una consecuencia más del problema pero no el problema en sí. Si todos los alumnos obtuviesen un promedio superior a 600, ¿significaría que el sistema educativo funciona adecuadamente? Ni mucho menos.

¿Por qué educamos a nuestros niños? Para prepararles para la vida y entregarles herramientas para enfrentar la sociedad del SXXI. Sin embargo, los esfuerzos (y la presión desmedida) se concentran en el rito de prepararlos para obtener buenos puntajes y clasificarlos para acceder a la universidad. Los adultos sabemos, demasiado tarde, que lo realmente imprescindible para vivir “exitosamente” no se aprende en las aulas, no se mide con exámenes ni generalmente lo enseñan los profesores: relaciones interpersonales, comunicación, gestión de sí mismo, pensamiento crítico, emprendimiento, creatividad, innovación, etc. Los educadores y los políticos están más preocupados de la trigonometría, la tabla de los elementos o el pasado pluscuamperfecto y de cumplir los programas comprometidos.

La educación tiene 2 graves problemas (en Chile y en el resto del planeta) mucho más serios y complejos que los resultados de la PSU:
QUÉ se enseña: Lo que la escuela trata de enseñar no tiene nada que ver con lo que sabemos que vamos a necesitar en el futuro ni con lo que les interesa a nuestros jóvenes. El curriculum de hoy no sirve, se diseñó para un mundo que dejó de existir hace 150 años.

CÓMO se enseña: Contarles las cosas a nuestros hijos no significa que aprendan. Aprobar un examen no es sinónimo de aprendizaje. Para aprender hay que practicar, hay que hacer y acumular experiencia; esa es la única manera de construir conocimiento. Hoy valoramos la capacidad de memorizar para aporbar un examen y el protagonista sigue siendo el profesor que habla durante el 95% de la clase.

¿Cuántos lectores de su diario serían capaces de aprobar la PSU si tuviesen que hacerla hoy? Y… ¿Cómo les iría a los candidatos a Presidente? Mejor no hagamos la prueba.

Si queremos mejorar la educación, hay que que atreverse a cambiar: partir por diseñar un curriculum de verdad, ceder el protagonismo para que los alumnos hagan y no sólo escuchen, ayudar a los profesores a jugar un rol más socrático y aprovechar las virtudes de la tecnología. El resto es seguir desperdiciando el tiempo, justo lo único que no podemos hacer.

Javier Martínez Aldanondo, Gerente División Gestión del Conocimiento de Catenaria