¿Se puede suspender, Sr. Decano?


Reflexión sobre la educación o ineducación de los jóvenes de hoy y sus causas.
Por el Dr. Íñigo Babot

Aunque mi trabajo no es el de profesor universitario, sino el de consultor corporativo, estoy muy ligado al mundo académico y tengo la suerte de impartir clases en dos centros de formación superior españoles, de forma habitual, y otros dos centros extranjeros, de manera esporádica. Digo que es una suerte porque considero que la docencia es una actividad apasionante, trascendente, creativa y además divertida, al menos para mí. Me permite estar en contacto con los jóvenes de hoy, que están a punto de incorporarse al mundo laboral (en programas de pregrado) o ya lo han hecho (en programas de Máster), vivir la universidad, dirigir un grupo de investigación formativa muy competente y aprender cada día.

En términos universitarios, soy doctor profesor asociado (en España) o profesor visitante (en el extranjero) y ello posibilita estar en contacto muy frecuente con catedráticos y docentes a tiempo completo, participar en proyectos conjuntos pero seguir dedicándome a mi empresa. También implica conocer la labor cotidiana de los académicos y compartir con ellos mesa y mantel, algunas veces. En mi modesta opinión, la mayoría son personas muy interesantes, conversadores inteligentes, gente honesta y trabajadora.

Entre las cosas que me cuentan, hay una que llama mucho la atención y que, a veces, yo mismo también percibo: desde hace algunos años, una parte importante de la sociedad ve muy mal que se suspenda a algunos alumnos, aunque se lo merezcan. Es decir, planea en el ambiente externo una sensación de que el estudiante tiene derecho a aprobar, porque paga, y debe obtener su título, porque es un cliente de la entidad educativa.

Por ejemplo, en mi país muchos políticos relevantes defienden la posibilidad de que un alumno de enseñanza obligatoria pueda pasar de curso con cuatro (sí, sí, con cuatro) asignaturas suspendidas y de que los centros de enseñanza superior sean premiados si las calificaciones de los estudiantes son muy altas. Cuanto más altas las notas, mejor subvención para la entidad. En el límite, si todos los estudiantes sacan Matrícula de Honor (lo merezcan o no), deberíamos ovacionar al centro y llenarle de dinero.

Alguno de mis colegas universitarios me explica que, a veces, ha tenido la tentación de preguntar a su jefe: ‘¿Sr. Decano, realmente se puede suspender a los que no saben?’. Afortunadamente, las universidades donde yo imparto clases son sitios muy serios y la respuesta sería siempre la misma: ‘No sólo se puede, Sr. Profesor, por supuesto que se les debe suspender, si no estudian ni se esfuerzan’.

¿No le parece al lector que esta cierta presión político-social (de algunos sectores) por aprobar a todos, es un disparate tremendo? ¿Ocurre en otras latitudes o sólo nos sucede en España? Esta forma de proceder, ¿va a provocar lucha y sacrificio en los nuevos alumnos o va a crear generaciones de ignorantes, vagos, acomodados y malcriados? ¿Tendrán la culpa los chicos que se pasen la vida de copas o de juerga, si van a obtener su título igualmente, o tendremos la culpa sus mayores? En mi opinión, la mayor responsabilidad por la aparición de jóvenes consentidos y poco preparados la tienen, siempre, los mimadores: si no se les educa en el esfuerzo y se les regala todo… ¿por qué van a pelear? Es más cómodo no hacerlo y dedicarse a la dolce vita, evidentemente.

Tengo la suerte de dar clase a alumnos prudentes y, en general, bastante estudiosos. La mayoría superan mis asignaturas en primera convocatoria. Cuando alguno no es aplicado, le suspendo como me suspendían a mi (y a todos los de mi generación y anteriores), si no me preparaba adecuadamente. Como imparto alguna asignatura obligatoria, los estudiantes matriculados en ella necesitan aprobar para terminar la carrera y les explico que no lo conseguirán, si no trabajan. Y me quedo con la conciencia muy tranquila: me niego a ser cómplice de la creciente tendencia a aportar zoquetes al mercado laboral y veo que mis colegas próximos también se niegan. Pero hay mucha gente que no les entiende y, entonces, soy yo el que no entiendo a esa gente.

‘Tumbar’ a alguien que lo merece no es agradable pero supone hacerle un favor y realizar un ejercicio de responsabilidad social. Lo pienso sinceramente. La vida no mima a nadie: es dura y realista. Si los jóvenes de hoy no aprenden a tropezar y levantarse por sí mismos, sin demasiadas ayudas (sólo las necesarias), lo van a pasar muy mal, máxime con la crisis que sufrimos. Y si sus padres les consuelan a cada dificultad, les ponen el hombro para que lloren y echan la culpa de sus fracasos a los profesores, están idiotizándoles con gran rapidez. El mundo profesional no es complaciente con los blandos y los acomodados: prima la eficacia y la tenacidad ante los problemas. Por ello hay que formar a hombres y mujeres, no a niños.

No pretendo ser alarmista ni incendiario pero creo que, entre todos, estamos haciendo un flaco favor a las nuevas generaciones, a las que tienen que llevar este mundo adelante. Muchos de estos chicos sólo exigen sus derechos y no ven sus deberes: tienen derecho a aprobar porque sus padres pagan, tienen derecho a un sueldo porque consiguieron un título, tienen derecho a vacaciones y a puentes porque trabajan cinco días a la semana, tienen derechos y derechos… pero poquísimas obligaciones. Y los reclaman porque sus educadores les consienten todo y les dicen que son maravillosos, porque sus padres les consuelan al mínimo contratiempo y les sobreprotegen excesivamente.

Vamos a ver si podemos reflexionar y cambiar esta tendencia, entre todos, porque es muy peligrosa. ¿Han visto la película Pinocho? Si su protagonista mentía, le crecía la nariz. Si los niños jugaban todo el tiempo, se peleaban y no estudiaban, les crecían orejas de burro. Si persistían en esta actitud, acababan por transformarse totalmente en burros. Gran obra.

Aprendamos de Pinocho y queramos a nuestros chicos de verdad, con amor auténtico, enseñándoles a esforzarse y sacrificarse, dándoles algún que otro palo si no lo hacen, felicitándoles si lo logran. Eso es ayudarles y brindarles un verdadero futuro, no aprobarles porque sí ni cerrar los ojos cuando se equivocan. Ya nos lo explicaron Gepetto o Pepito Grillo: ambos crearon a un Pinocho de verdad, tratándole siempre con cariño pero también con firmeza.

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El péndulo simple


Reflexión sobre la historia reciente de las Nuevas Tecnologías aplicadas a la formación.
Por Íñigo Babot

Dice la teoría: ‘el péndulo simple o matemático es un sistema idealizado constituido por una partícula de masa, m, que está suspendida de un punto fijo, O, mediante un hilo inextensible y sin peso. Naturalmente, es imposible la realización práctica de un péndulo simple pero si es accesible a la teoría’ (resumen de Wikipedia).

Es curioso observar el movimiento teórico que describiría un péndulo simple, si existiese. El mismo oscilaría en un sólo plano por la acción de la gravedad, hasta posiciones extremas y simétricas respecto a la vertical, con movimiento periódico y monótono. Iría de un lado a otro, desde una posición hasta su antagónica, una y otra vez, limitado sólo por la longitud del hilo. Es cierto que, físicamente, esto no se puede observar más que de un modo virtual pero, metafóricamente hablando, muchísimas líneas de opinión humanas parecen seguir este patrón. Y una de ellas es la de las nuevas tecnologías aplicadas a la formación.

Vengo estudiando el sector de la innovación educativa para organizaciones desde su nacimiento y es curioso comprobar cómo el péndulo de la opinión pública, respecto a estos revolucionarios modelos pedagógicos, ha ido oscilando desde entonces, guardando a veces muy poca relación con el valor real que aportaban en cada momento. En la calle se comentaban unas cosas y muchas personas las creían sin más, despreocupándose un poco de si eran o no realistas, sólo porque entonces ‘sonaba esa música’.

Por ejemplo, a finales de los noventa, parecía que el eLearning iba a substituir totalmente a la docencia tradicional, tanto en las corporaciones como en las aulas. ¡Se llegaba a decir esto muy en serio!

Era la época de la Internet Bubble, todo el mundo creía que la Red sería la panacea universal, existía el convencimiento global de que lo que sonaba a alta tecnología convertiría en oro todo lo que tocase. La bolsa se disparaba, la especulación financiera campaba a sus anchas, los profesionales de sectores tradicionales se precipitaban a abrir su propio negocio punto com y cualquier chaval con una buena presentación en Power Point podía conseguir un dineral por sus ideas. Lo peor es que ese dineral lo obtenía de fuentes solventes, de gente inteligente y de prestigio contrastado. ¡Corramos, corramos, no perdamos el tren que va a las minas de diamantes!

Pero en realidad la educación virtual acababa de empezar y era, aún, muy inmadura.

En 2000 pinchó la burbuja online y hasta bien entrado 2004, conceptos como eLearning, gestión del conocimiento, comunidades de prácticas o aprendizaje colaborativo, sonaban muy mal, ya no estaban de moda. Los valores bursátiles de las empresas tecnológicas y de conocimiento se desplomaban, había despidos masivos, escándalos financieros, se cuestionaba casi cualquier inversión en infraestructuras digitales, etc. En resumen, cuando alguien hablaba de soportes interactivos para la formación, más valía salir corriendo en dirección contraria, no sea que contagiase alguna terrible enfermedad vírica. ¡Cuidado, cuidado, que vienen los apestados!

Pero en realidad la educación virtual estaba empezando a aportar valor real a los pocos que la empleaban e iba evolucionando, con paso lento pero muy firme.

Este era, al fin, un movimiento pendular simple, de extremo a extremo: en los noventa, histeria proactiva. A principios del s. XXI, histeria depresiva.

¿Dónde está ahora ese péndulo? Creo sinceramente que hay buenas noticias: desde 2005 hasta hoy ha ido amortiguando su movimiento, oscilando hacia la vertical y, por vez primera, parece que el valor real de estas potentísimas herramientas (porque lo son), corresponde con la percepción que de ellas tiene la opinión pública y, especialmente, el mercado: una comprensión mucho más realista y equilibrada. Desde mi punto de vista y como profesional del sector, ahora se cree que estos sistemas docentes son muy potentes, para la empresa, la administración y la universidad, pero que convivirán con los métodos tradicionales en buena armonía… como debe ser.

No cabe duda de que la llamada Web 2.0 y sus extraordinarias aplicaciones formativas han abierto los ojos a muchos y, sobre todo, se los han abierto aún más el comportamiento del público joven. La gente aprende y trabaja en colaboración, a través de la Red. La gente comparte conocimiento y programas, música, vídeos, presentaciones, de manera imparable. La gente consulta la Wikipedia tanto como las fuentes ‘oficiales’ y lee la prensa online cada vez más que en papel (si no, que se lo pregunten a los editores de diarios). La gente aprende de los blogs igual que de los libros de texto y se aficiona a ellos. La gente se relaciona, con cuidado o sin él, en LinkedIn o Facebook y el actual Presidente de los Estados Unidos debe millones de votos a las redes sociales.

Esto no va a detenerse, queramos o no.

Por supuesto, todo ello impacta de lleno en el sector educativo, como no podía ser de otra forma. Esta vez sí, la opinión pública está sabiendo valorarlo y la demanda de innovación formativa está creciendo sostenida y firmemente, porque los profesionales la buscan aunque no se la ofrezcan sus instituciones.

Nadie dice ya que va a suplantar nada: va a complementar (ya lo está haciendo) a la formación tradicional, se ha abierto su hueco y está aquí para quedarse, con firmeza. Eso se llama evolución y es bueno para el Género Humano. Eso se llama madurez.

Estamos viviendo una época en que cada vez más organizaciones quieren complementar sus canales docentes y de capacitación: ven verdadero valor a las innovaciones educativas y los sistemas, si están bien implantados, no les defraudan.

Creo que es un período bueno para el desarrollo de estos métodos, que aportarán mucho a la sociedad, pero hay que desear que el péndulo oscile poco, que se mantenga en la vertical: en su punto medio y su posición justa. Que ya no haya tanto oportunista ni tanto pesimista, que los profesionales sean muy serios y rigurosos, no creando falsas expectativas ni dejándose llevar por el ruido externo, concentrándose en hacer bien su trabajo para demostrar el gran valor de estos nuevos modelos, coexistiendo con los anteriores.

Creo que es un buen período para que se compruebe la verdad sobre la formación en red, de forma tranquila y con más perspectiva… y ello pese a la crisis. Todo irá bien mientras la mayoría del sector no quiera hacerse rica en dos días, trabaje de forma constante y a largo plazo: todo irá bien mientras ninguna fuerte sacudida desestabilice el péndulo.

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La formación poliédrica


Artículo de Iñigo Babot
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¿Cuál es la formación técnicamente ideal para directivos y colaboradores del s.XXI? ¿Cómo impartirla y tutelarla, con apoyo eLearning?

Ruego se examine, un instante, este ejemplo real de valoraciones del desempeño:

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Sabiendo que estas personas trabajan en una gran corporación, ¿cuál fue el profesional mejor considerado por el Dpto. de Recursos Humanos de dicha organización? La respuesta es: Nuria.

Esto puede sorprender, por cuanto tiene la media aritmética más baja. Sin embargo es la más completa, se defiende en todos los terrenos, no tiene una sola puntuación inferior a 7. No es la más brillante en nada (ningún 10) pero es muy correcta en todo: es la colaboradora más valiosa.

Así debe ser el directivo y el profesional, de cualquier nivel, que quiera ser muy competitivo en una empresa puntera actual y en, en general, en el mercado laboral del s.XXI: figuradamente hablando, no debe tener ninguna puntuación inferior a 7. Se premia el todo terreno, la regularidad, el nivel sostenido, la ausencia de huecos. Se castigan mucho los altibajos. Si uno es guardameta, su entrenador preferirá que pare, con suficiente solvencia y sobriedad, cualquier tipo de disparo (aunque no dé demasiado espectáculo), a que detenga todos los penalties pero dude en los córners.

¿Cuántas Nurias existen por ahí? Muy, muy pocas. La regularidad es dificilísima de conseguir. Todos, por naturaleza, somos trabajadores poliédricos, extraordinariamente complejos, y solemos tener varias debilidades, puntos flacos.

En este escenario, los profesionales debemos procurar identificar y nivelar los baches que existan en nuestro perfil de competencias. Dice el refrán: cuídate de tus flaquezas y tus fortalezas se cuidarán solas. Las compañías para las que trabajemos pueden ayudarnos a lograrlo: si lo hacen, el nivel medio de sus equipos mejorará enormemente.

Esto no significará desarrollarnos únicamente en disciplinas concretas (marketing, inglés, contabilidad, ofimática, etc.): además implicará adquirir o mejorar competencias globales, como se ha dicho (comunicación, liderazgo, análisis decisional, negociación, etc.). Este proceso de formación continua y reciclaje permanente puede durar toda una carrera y es absolutamente esencial.

Resulta también muy complicado adaptar la intensidad de la educación, por áreas, a perfiles profesionales específicos: todos somos diferentes. Pero, con un conjunto grande de actividades a realizar y con ayuda del eLearning, pueden segmentarse los planes de formación continua para que encajen, casi perfectamente, en lo que cada individuo, cada equipo funcional, o cada nivel jerárquico de la empresa necesite.

El proceso comenzará, por ejemplo, cada nuevo año (debe hacerse periódicamente, tipo chequeo médico general), con una evaluación de resultados de la formación continua recibida el año anterior. Luego, se medirá la evolución de nuestros conocimientos, técnicas, habilidades y competencias globales, comparándolas con las óptimas para desempeñar perfectamente nuestras funciones en la compañía. Sea cual sea nuestro nivel en la organización y teniendo en cuenta que se conoce bien nuestro historial, esto puede lograrse en una sola mañana: una entrevista personal a nosotros y nuestro(s) superior(es) inmediato(s), que deberían implicarse y, quizá, algún test actitudinal o aptitudinal online (actualmente, muy avanzados), si aun quedase alguna duda concreta. Por supuesto, nuestras inquietudes y peticiones serán especialmente valoradas.

Nuestro perfil actualizado se guardará en un archivo confidencial (con nuestro Vº Bº) y, a continuación, se programará nuestro plan de formación (diferentes actividades enfocadas a reforzarnos) para el año que entra.

Por ejemplo, el Sr. X, directivo en funciones muy estables necesitará:

- un curso eLearning de finanzas
- asistencia a tres conferencias-coloquio sobre liderazgo
- lectura de un libro sobre comportamiento organizativo
- dos módulos eLearning sobre técnicas de comunicación
- seminario de una escuela de idiomas, 20% presencial – 80% virtual, de inglés para negocios
- participación en un proyecto virtual comunitario pan-europeo (15 participantes de 8 países diferentes), organizado por una escuela de negocios, sobre gestión del tiempo

Todas estas actividades serán tutorizadas virtualmente por un experto (generalmente, profesor de una escuela de negocios o un centro universitario) que irá midiendo nuestro aprovechamiento y nos responderá preguntas.

A principio del próximo año, se repetirá el proceso: chequeo médico y plan de gimnasia mental para el siguiente curso.

Toda esta programación puede ser muy adaptable, pues hay mucha parte virtual y muy poca presencial, y puede planificarse individualizadamente (en general, para altos directivos) o sistematizarse para niveles funcionales y jerárquicos de requerimientos muy similares (en general, para mandos intermedios y colaboradores). La efectividad es altísima, pues esta formación poliédrica a la carta refuerza nuestros aspectos más débiles.

¿Ciencia ficción? No, en absoluto. En Estados Unidos y Centroeuropa ya se implanta hace tiempo. La buena noticia es que en España también empieza a implementarse (en compañías muy concretas, que tengo la fortuna de seguir muy de cerca) y debería seguir desarrollándose si, realmente, individuos y organizaciones quieren mejorar mucho su competitividad.

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Toni Nadal: el coach perfecto


Artículo de Iñigo Babot
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Toni Nadal es el tío de Rafa Nadal y su entrenador personal de tenis. Seguramente, el lector ya habrá oído hablar de él, pues el propio número 1 mundial lo cita frecuentemente como una de las grandes claves de su éxito. De hecho, el manacorí siempre dice: ‘le debo muchísimo y es el entrenador ideal’.

Quizá Usted le haya visto por TV, abrazando a Nadal tras una de sus victorias, hablando con él en algún entrenamiento o con expresión tensa y concentrada, observándole durante uno de sus partidos. No es una persona que se prodigue en los medios de comunicación ni que quiera llamar la atención: se limita a desempeñar su papel. Pero su papel es extraordinario, Toni Nadal lo realiza de modo excelente y los resultados de su trabajo están a la vista: vale la pena reflexionar sobre ello.

Por motivos que no vienen al caso, he podido observar bastante de cerca a Toni Nadal durante un par de disputadísimos encuentros de su pupilo y conozco su filosofía de trabajo. Es un profesional sencillamente admirable: humilde, constante, tenaz, con los pies muy en el suelo. Es un coach excepcional.

Quiero explicar una anécdota que me llamó la atención, tras el primer partido en que le vi actuar. Era una final, una gran final, y Rafa Nadal la ganó tras un match extenuante, demostrando una bravura, una raza y una capacidad de lucha que sólo un número 1 mundial puede tener. Terminó el partido y su tío le felicitó, pues había sido una gran victoria. Pero, tras darle un sincero y emocionado abrazo, le dijo algo que pudo oír sólo la gente que, casualmente, tuvo la suerte de estar sentada cerca de él. Yo tuve esa suerte.

Con expresión feliz pero concienciada, Toni recomendó a Rafa: ‘ha salido muy bien pero debemos trabajar mucho más esa volea. Si no, la próxima vez te puede ganar’. Rafael le miró sonriente y asintió, obedientemente, con humildad y mansedumbre.

Me pareció una escena sencillamente magnífica, por parte de ambos protagonistas, y me lo sigue pareciendo ahora.

El gran Rafa Nadal, acabando de ganar un campeonato prestigiosísimo y dejando patente que iba a convertirse en lo que hoy es, tras un momento de euforia, había tardado pocos segundos en aceptar una debilidad y se había propuesto superarla. Toni Nadal, su entrenador, no había dejado que el tenista se despreocupase y se creyese demasiado bueno: le había devuelto a la realidad con gran rapidez. Esa reconsideración crítica de resultados, esa humildad para querer mejorar lo que ya es muy bueno, son la marca inequívoca de los mejores.

En el blog personal de este tenista, habla su tío y dice:

Me gustaba que Rafael fuera austero. Pasamos muchas horas juntos y fui un tipo duro con él. No le quedó más remedio que adaptarse a mi forma de ver la vida. Ya desde los tiempos de los filósofos griegos se cuestionaba de dónde venía la felicidad y si se llegaba a ella por el trabajo o el placer. Los estoicos o los hedonistas’, observa Toni, siempre amable. ‘Yo creo que a la felicidad se llega antes por el trabajo y la disciplina. Es lo que quisiera de mis hijos. Es mejor para la sociedad que no tuvieran apetencia de todo: abusamos de lo material. Eso no significa tener una actitud dictatorial pero en esta sociedad parece que esté mal vista la disciplina. Y la disciplina, como el respeto, es absolutamente necesaria’.

Toni felicita a Rafa y le quiere con toda su alma pero nunca le ha malcriado. Por eso, y por su talento natural, este tándem está donde está.

Doy clase en tres universidades, en dos de ellas en el último curso de carrera. Muchas veces, demasiadas, observo que varios de mis alumnos van a llegar al mundo laboral con poca o nula capacidad de sacrificio y de lucha, creyéndose que saben más de lo que saben. Se lo recuerdo y les explico lo que sucederá. Bromeo con ellos sobre el pésimo ejemplo que suponen programas como los Reality Show de la TV, en los que una persona se hace millonaria sin dar un palo al agua, sin ningún esfuerzo, sin apenas preparación. Supongo que algunos me escuchan y otros no, y sufro por muchos de ellos, porque les aprecio y sé lo mal que van a pasarlo.

Si son Ustedes coach de alguien, felicítenle y anímenle en los éxitos pero nunca, nunca le malcríen ni le dejen sentirse superior. Devuélvanle a la realidad en cuanto haya tenido un ratito para alegrarse, que siempre va bien. Recuérdenle que debe seguir mejorando y sacrificándose: en el momento que deje de hacerlo, su competitividad caerá en picado. Recuérdenle que la vida es muy dura y que nadie es realmente bueno en algo por casualidad, ni lo ha logrado con sencillez. Díganle que se fije en los resultados de Rafa Nadal y vea cómo le han enseñado a afrontar la vida y el trabajo. Repítanle las palabras de un perfecto coach, Toni Nadal: ‘creo que a la felicidad se llega antes por el trabajo y la disciplina’.

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En época de desolación, no hacer mudanza


Artículo de Iñigo Babot
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En época de desolación, no hacer mudanza’. Eso recomendó San Ignacio de Loyola, de nacimiento Íñigo Oñaz de Loyola: mi santo patrón y una de las personalidades históricas que más admiro.

Es una cita muy conocida y perfectamente aplicable a estos tiempos: yo la oigo decir mucho últimamente. Quizá por eso mismo, convenga detenerse en ella y contextualizarla, para recoger adecuadamente su valiosa esencia.

¿Quién fue su autor y por qué dijo esto?

San Ignacio (Azpeitia, 1491 – Roma, 1556) no tuvo una vida fácil ni regalada. Antes de convertirse en sacerdote fue soldado y, defendiendo el Castillo de Pamplona en 1521, una bala de cañón le hirió en las dos piernas, rompiéndole una de ellas. En el período de recuperación, los huesos se le soldaron mal y tuvieron que volver a operarle, soportando unos dolores espantosos (ya puede el lector imaginar cómo sería una operación de aquella época).

Luego estuvo viajando mucho por distintas ciudades: Barcelona, Manresa, Roma, Jerusalén y Salamanca, no siendo siempre bien recibida la enseñanza de sus Ejercicios Espirituales (incluso estuvo encarcelado algunos días).

Posteriormente, ya en el período prefundacional de la Compañía de Jesús, estudió en París durante 7 años, viajó a Flandes e Inglaterra para conseguir dinero para su obra y después visitó Venecia y Roma.

San Ignacio creó la Compañía de Jesús y hoy en día (se sea cristiano, budista, musulmán o hebreo) hay que reconocer su extraordinaria influencia en el mundo moderno: los jesuitas son la mayor orden religiosa masculina de la Iglesia Católica, con 19.000 miembros. En 69 países, han fundado 207 universidades, 472 escuelas secundarias, 165 escuelas de primaria y 78 escuelas profesionales o técnicas, contando con un total de casi 2,5 millones de alumnos. Una gran vida y una gran obra.

¿Por qué diría esa célebre frase una persona tan acostumbrada a las mudanzas? Ya hemos visto que Ignacio no tuvo un perfil contemplativo ni tranquilo: fue un verdadero hombre de acción, un emprendedor nato, un gran líder del s. XVI ¿Por qué una figura intelectual, un ‘santo-empresario’ de aquella época, llamaría a la prudencia en los malos tiempos, siendo un luchador incansable como fue?

Mi interpretación personal es que Íñigo de Loyola, diciendo ‘no hacer mudanza’, se refería a no tirar la toalla nunca, ni dejar de pelear por lo que uno quiere, con igual tranquilidad y tenacidad que si las cosas fuesen bien. Creo que invitaba a la constancia, al esfuerzo sostenido, a luchar contra la desesperación. Opino que Ignacio nos recomendaba que evitásemos el pánico y la pérdida de confianza, a toda costa. ‘No huya ni se esconda. No tire nada por la borda. No haga locuras, no busque escapar con soluciones extremas ni cambios precipitados. Persista en el empeño y siga trabajando bien, con calma.’ Eso creo que quería decirnos.

La crisis económica está aquí, parece inevitable y será profunda: eso lo sabemos todos. El año 2009 va a ser realmente duro. Entonces: ¿en qué error no debemos incurrir? ¿Qué actitud debemos controlar? ¿Qué peligro hay que sortear?  El de intentar hacer mudanzas precipitadas: ya nos lo recomendaron hace siglos.

Tranquilicémonos, trabajemos con sosiego si podemos y, si por desgracia ocurre algún accidente y perdemos algo importante en el camino (el empleo, la jerarquía, una inversión, etc.), intentemos seguir haciendo lo que bien hecho está. Es un tiempo para afrontarlo con madurez, con serenidad, para capacitarnos mejor, para intentar crecer en lo que podemos controlar: nosotros mismos, nuestras competencias.

Los que estamos cercanos al mundo de la formación corporativa, creemos que van a ser tiempos en que muchas empresas van a restringir gastos de educación y training. Este puede ser un resultado perverso, en esta situación.

Pero no todas lo harán: las compañías más inteligentes, probablemente los mantengan. Saben que es un buen momento para reforzar el capital humano, que es un buen momento para no cortar aquello que servirá para relanzarnos. Saben que resulta una ocasión para intentar compaginar la lucha contra la crisis y la contención en el gasto, con la necesidad de no cercenar algo que nos hipotecaría la salida de esta situación: la formación continua. Si no seguimos manteniendo la buena forma, nuestra competitividad se resentirá, sin ninguna duda.

Entiendo que compaginar esto no es fácil: por eso digo que sólo lo harán las mejores organizaciones, sean del sector público o del privado.

Es un buen momento para no hacer mudanzas y no tirar nada valioso por la borda. Si tienen algún poder de decisión, recuérdenlo. Nos lo dijo Íñigo de Loyola y él sabía lo que decía.

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El restaurante oscuro


Artículo de Iñigo Babot
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Esta vez escribo en un avión, regresando a casa tras pasar 4 días en Berlín, en el congreso Online Educa. A día de hoy, esta es la reunión más importante del mundo sobre formación en red: creo sinceramente que Online Educa está por encima de otras grandes conferencias globales tales como eLearn, en Norteamérica o eLearning World, en Japón. Las supera por tradición (es la más antigua), por calidad de presentaciones (son las más novedosas) y por la gran afluencia de expertos internacionales (están casi todos los que son).

Además de comprobar los últimos avances en la materia y participar en el evento, como ponente y moderador, he podido compartir estas jornadas con buenos amigos del sector, lo que siempre resulta reconfortante.

Este año se celebró por vez primera el Seminario Iberoamericano, integrado como un capítulo más dentro de la conferencia global, en substitución del Online Educa Madrid. En mi modesta opinión, fue una edición inaugural de una altura importante y no me extrañaría que pronto surgiesen novios queriendo patrocinarlo en algún país latinoamericano, porque se necesita un buen meeting de este estilo en el Hispanoamérica: la zona está adoptando nuevas tecnologías para la formación, con demasiada rapidez como para no tener eventos de primera fila donde presentarlas. Felicito efusivamente a sus organizadores, Rosa García Calero y Nicolás Hellers, de ICWE.

Este forum contó con una apertura de lujo, a cargo de Juan Carlos González (Director de la Escuela de Administración Pública de Castilla y León, que disertó sobre el presente y futuro de la formación pública. Tuvo luego algunos paneles interesantes, moderados por personas muy acreditadas en el mundo de la formación.

Así, Francisco García Peñalvo (España, Vicerrector de Innovación Tecnológica de la Universidad de Salamanca, ver   moderó un panel sobre proyectos e investigaciones estratégicas, con Gabriel Rissola (Argentina, Dynamic Organization Thinking, S.L.), Carlos Miranda (República Dominicana, SIFT), Gloria Herrera (Chile, Asociación Chilena de Seguridad) y Jordi Gutiérrez (España, eLogos).

Pablo Lara (España, UOC), tuvo a cargo una sesión sobre innovación abierta, convergencia entre Europa y América Latina. En este espacio, intervinieron Begoña Gros (España, Vicerrectora de Innovación de UOC), Antonio Vázquez (España, Universia), Luis Collado (España, Google Book Search) y Joaquim Falgueras (España, CEO de eMagister).

Mª Jesús López (España, Secretaria General de AEDIPE-Centro), condujo a los siguientes ponentes en la charla sobre eLearning Corporativo: Juan Carlos Meléndez (Perú, Administración Tributaria del Gobierno Central de Perú), Íñigo Babot (España, Administrador de IBBM Consultores, S.C.P.) y Miguel Ángel Conde (España, Clay Formación).

Stijn Van der Krogt (Holanda, Director de IICD), cerró el turno de paneles moderando uno que abordó el intercambio de experiencias sobre consultoría e implementación en Iberoamérica, presentando a José Morales (México, GDLN), Keiko Chiemy (Bolivia, Programa Chaski GTP) y Fabio Nascimbeni (Italia, Red Menon).

Por último, la sesión de clausura estuvo a cargo de Elena Coello (Agencia Ejecutiva de Educación Audiovisual y Cultura, Comisión Europea), que habló sobre el programa de aprendizaje permanente de la Unión Europea.

La conferencia mundial, celebrada a continuación, conoció la máxima afluencia de delegados de su historia: más de 3400 personas de los cinco continentes. Es la quinta vez que este autor acude a Online Educa Berlin y, a pesar de que siempre es una reunión de mucho nivel, yo nunca había visto tantos stands, salas tan abarrotadas, pasillos tan atestados de gente y, en general, tanta animación. 101 sesiones paralelas, 17 talleres pre-congresuales, 18 demostraciones, algunos contenidos verdaderamente notables y, como siempre pasa en jornadas tan masificadas, otros prescindibles. En resumen: un tono excelente.

Como decía al principio del artículo, estos días también he tenido ocasión de compartir mesa y mantel con varios amigos del sector, durante los días del congreso. Uno de ellos, un alto directivo muy acostumbrado a viajar por motivos profesionales, me habló de un restaurante berlinés en el que estuvo hace unos años. Es un local que está completamente a oscuras: te sientan en la mesa, llevándote de la mano, y te sirven sin que veas absolutamente nada (ni a tus compañeros de mesa, ni a los camareros, ni siquiera el mobiliario). Además, se te pide que comas en silencio. Se hace así para que puedas degustar los alimentos, concentrándote totalmente en el sabor y sin perderte en detalles superfluos, sin despistarte por culpa del entorno.

Me pareció un sistema original y su enfoque me dio que pensar, pues es más profundo de lo que parece. ¿Cuántas veces nuestro entorno socioeconómico, torbellino de información, opiniones y ruido, nos distrae de lo verdaderamente importante, de aquello que resulta nuclear en nuestro trabajo? ¿Con qué frecuencia el acceso a un exceso de datos no genera ningún conocimiento, no produce saber verdadero? ¿Por qué dejamos que creencias populares, fundamentadas o no, se conviertan en nuestras propias creencias, a falta de un mejor criterio autónomo? ¿En cuántas ocasiones la voz de otros apaga nuestra propia voz interior? Me temo que demasiadas veces.

Últimamente estamos a vueltas con la crisis económica. Obviamente, la crisis es un hecho objetivo e innegable: está aquí y es importante. Pero quizá estamos hablando demasiado de ella: no dejamos de recordarla a todas horas, mañana, tarde y noche. Los medios de comunicación, los líderes de opinión, el mundo financiero, nos repiten un mismo mensaje y no nos dejan tranquilos: esto se hunde, todo se hunde. ¿Cómo no van a influirnos, a crear en nosotros una cierta sensación de descalabro general? En un restaurante normal, todo eso sería ‘el entorno’: los otros comensales, las luces, las risas, los camareros, los relucientes cubiertos.

Pero para este autor, que trabaja en formación y organización corporativa, un evento de las características de Online Educa permite algo parecido a visitar el restaurante oscuro en el que estuvo este amigo: centrarse en ‘los alimentos’ y dejar ‘el entorno’ en un segundo plano. Olvidarse por unos días de la tan manida recesión y atender sólo a los nuevos sistemas educativos que se siguen desarrollando: ‘concentrarse en el sabor de la comida, silenciando el ruido externo’.

Si uno recuerda las conversaciones que ha tenido con expertos mundiales y revisita los nuevos paradigmas formativos que continúan implantándose, cada vez con más fuerza, debe reafirmarse en la conclusión a la que llegó trabajando sobre estos mismos métodos, para algunos clientes, hace ya unos meses: la crisis impactará sobre el sector de innovación pedagógica de forma muy relativa. Provocará sólo daños controlables, diría yo. Prosiguen su avance las herramientas educativas basadas en desarrollo competencial, en realidad virtual y en web 2.0, y son demasiado potentes como para creer que estas actividades también va a desplomarse. Nuestra industria va a aguantar este periodo duro muy dignamente, saliendo incluso reforzada: ‘los alimentos’ son mucho mejores, más energéticos, muy vitaminados y de alta calidad. El crecimiento del aprendizaje colaborativo no tiene marcha atrás, por mucho que nos empeñemos en ser catastrofistas: no lo frenará la crisis, como tampoco ha frenado la implantación de las Redes Sociales, la Blogosfera, Linux o el propio eMule, porque son modelos superiores. Bien al contrario, estos nuevos sistemas amortiguarán notablemente el efecto de la recesión en nuestro sector, contrarrestarán parte de su fuerza.

El lector está en su perfecto derecho de no creerlo, incluso de sonreír al leerlo, y sólo puedo argumentar en mi defensa que el tiempo dará y quitará razones. Esperen un poco, tan sólo un año, y verán si es o no cierto lo que digo: habrá ralentización del sector educativo, pero bastante más breve y mucho menos virulenta que en otros ámbitos empresariales. Si Ustedes se dedican a la formación, busquen su propio restaurante oscuro, degusten lo que está cocinándose y llegarán a esta misma conclusión.

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Iñigo Babot


Iñigo Babot, además de un buen amigo, es uno de los mayores especialistas en eLearning en España. Iñigo es profesor de universidad, articulista, escritor, ponente, asesor y miembro de varios comités relacionados con el eLearning. Pero todo esto se puede comprobar en su currículum vitae.

Como dice Alfons Cornella en el epílogo del libro de Iñigo eLearning, Corporate Learning: “Iñigo es una mente abierta. Una persona colaboradora a la que mueve, principalmente, el deseo de entender, de aprender. Y que, además, dedica mucha energía a permitir que otros también aprendan.”

En Tökland siempre hemos estado interesados en el uso de las nuevas tecnologías para la enseñanza y el aprendizaje, por lo que a partir de hoy iniciamos una nueva sección en la que se publicarán artículos de Iñigo: Suplemento e-Learning.

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