Concentración de tortugas y el futuro editorial


El pasado 8 de febrero los paradigmáticos Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez, publicaron en su revista una entrada titulada Concentración editorial y el futuro de las tortugas.

Acerca de la posible venta de Siglo XXI -con cuyo proyecto en línea estamos colaborando– a Biblioteca Nueva, toman esta noticia para reflexionar sobre el proceso de concentración editorial al que vamos a asistir en los próximos meses. Pero ¿por qué comprar ahora? -se preguntan. “Fundamentalmente porque se avanza hacia mercados digitales donde la larga cola –long tail- será una ventaja competitiva muy seria. Y esto los grandes grupos lo saben”. Estamos totalmente de acuerdo con esta sentencia.

A continuación comentan: “Desde Paradigma hemos venido señalando que la concentración no es buena para el patrimonio bibliográfico y cultural español, tampoco para el mercado, y mucho menos para las librerías, y debería ser desanimada por los poderes públicos, que más bien deberían impulsar el agrupamiento de editores independientes en plataformas de gestión, comercialización y marketing para ganar economías de escala, visibilidad y peso específico, así como para propiciar acuerdos con una red de librerías independientes que dotaran de musculatura al sector”.

Bien. Está claro que el patrimonio bibliográfico y cultural español necesita nutrirse de cuanta más bibliodiversidad mejor. Pero… ¿No es buena para el mercado?… Hmmm. ¿Realmente podemos hablar ya de Un Mercado Editorial? Nosotros pensamos que no. A día de hoy han muchos mercados editoriales: las editoriales llamadas independientes-de-qué no juegan en la misma liga que Random o Planeta… Por lo tanto, la concentración editorial será buena o no… para el marcado de los grandes grupos. Pensamos que hay que insisir en esta gama de grises: no hay ya un sólo mercado.

¿Para las librerías?… ¿Es buena o mala la concentración? Hmmm. Pues depende. Pedro Jorge Romero, en pjorge.com, escribía hace nada… Pero lo que no creo que puedan pretender las librerías es existir por el simple hecho de ser librerías. Es decir, ofreciendo todas el mismo producto, provocando lo que en realidad es una reducción de la variedad.

…Por lo tanto desde el punto de vista de las librerías, la concentración será buena o mala dependiendo… del proyecto de librería, de sus rasgos distintivos… Tampoco podemos hablar ya de las librerías como si todas fueran similares y convivieran en el tejido social como uña y carne. No. La presencia de esas librerías ayuda al tejido social y mantienen viva una cierta forma de entender la cultura. La cultura no puede vivirse toda online, o si no pasear por una ciudad acabará siendo un paseo por un cementerio.

Sobre cómo han de reaccionar los poderes públicos… Bueno, yo no he tenido el gusto de gestionar ningún poder público en mi vida, pero si una empresa: un micropoder, micropúblico. Y si como me temo un país, vendría a ser como una gran empresa -finalmente en economías de mercado como en la que estamos encuadrados- no tengo pero nada de ganas de meterme en la camisa de los poderes públicos. Porque desde el poder público se debería hacer de todo, a la vez, y bien: por un lado, ayudar a que “nuestros grandes grupos” lo sean cada día más… y por otro, que el tejido editorial independiente, el libresco, etc., también se asienten en el nuevo modelo de sociedad -todavía en proceso de definición- hacia el que caminamos (a trancas y barrancas). Una cosa no debería ir en detrimento de la otra, del mismo modo que la gestión de los aeropuertos, de los recursos energéticos o de la educación pública, corren por vías distintas.

Es un error pedirle a los poderes públicos que apoyen por ejemplo a las librerías o a los pequeños editores con una mano y con la otra le den cates a los grandes conglomerados empresariales. Los setenta ya pasaron pues.

Pienso que es un desatino (y lo digo con el cariño que tengo por los paradigmáticos, y porque además así lo hemos discutido en algún encuentro de Innotables) que sean los poderes públicos los que deban liderar e impulsar el agrupamiento de editores independientes en plataformas de gestión, comercialización y marketing para ganar economías de escala, visibilidad y peso específico, así como para propiciar acuerdos con una red de librerías independientes que dotaran de musculatura al sector.

¡Ha de ser completamente al revés! Ha de ser el propio cotolengo de editores independientes, quienes llamados por una serie de intereses compartidos, se unan “en plataformas de gestión, comercialización y marketing para ganar economías de escala, visibilidad y peso específico, así como para propiciar acuerdos con una red de librerías independientes que dotaran de musculatura al sector”.

¡Y desde esa posición de fuerza! interlocutar con el poder público. Pues si algo ha quedado demostrado estos años (en relación a los poderes públicos y el sector de la edición) ha sido la incapacidad de resolver competencias con la empresa internacional. Y tomemos por ejemplo el proyecto público Leer.es (del que hace unas semanas hablábamos en Tökland): ¿es realmente lo más molón en la red en español en relación al fomento de la lectura? ¡Desde-luego-no!

Y se siguen preguntando los paradigmáticos… “¿Qué mercado deja libre un proceso de concentración galopante al que vamos a asistir en los próximos, muy próximos años? ¿Qué espacio va a quedar a la microedición independiente?” Yo no lo sé, claro, pero me gusta esa idea de que cuando más grandes son las esferas, más espacio dejan entre sí… Bueno, no sólo nos gusta, sino que nos seduce hasta el punto de que nos pondremos a cavar nuestra propia mina en esos territorios (ya hablaremos de esto en otro momento).

“¿Qué pasos se están dando para la creación de acuerdos de colaboración entre ese numeroso grupo de microeditores?” Pues seguramrnte pocos… porque una de las cosas que ya si están claras, es que tampoco dentro de la nube de la edición independiente son todos flores y violas: incluso dentro de un subgrupo tan específico del sector de la edición hay tantos pelajes, como sistemas óseos y musculaturas…

Vean por ejemplo esta conversación cultural con Alejandro Katz, con quien conversamos en el stand de ARCE en la pasada FIL Guadalajara ‘09…

Los paradigmáticos finalizan su entrada con este párrafo: “Plataformas o redes, la microedición debe empezar a crear estructuras intermedias alternativas de autogestión colectiva donde comenzar a prepararse para el futuro, nada halagüeño. Si no, la predicción de Beatriz de Moura se cumplirá, y la playa amanecerá llena de tortuguitas «fritas»”.

…Pues completamente si, de acuerdo… ¡Adelante! Pero no entre las sábanas de papá y mamá Estado, sino desde la propia independencia que, al menos teóricamente, caracteriza a estos proyectos… Por eso la cuestión que plantea Katz es tan pertinente: no se va a ningún lado, cuando los elementos que en principio han de unir, no están realmente definidos.

Porque… ¿Qué es un proyecto cultural?

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