Como el vino… Librerías independientes con D.O.


Francia otorga ‘D.O. – Denominación de Origen’ a las librerías independientes
Por Henry Odell

Vía Publishing Perspectives hemos conocido la noticia de que las librerías independientes de Francia pueden aplicar para recibir el certificado de D.O. —mejor dicho LIR – Librería Independiente Recomendada [Librairie Indépendante de Référence], como parte del “plan livre” lanzado por la ex ministro de Cultura Christine Albanel. De momento, sólo se ha otorgado esta certificación a 406 de las aproximadamente 3.000 librerías independientes del vecino país.

Libros con Denominacion de Origen

De forma resumida la noticia dice que:

— Para ser merecedoras de la LIR —válida por un período de 3 años— las librerías han de cumplir con 6 condiciones (que detallamos más abajo), entre las que se señala que la librería ha de cumplir un rol cultural importante en la comunidad organizando eventos culturales; que ha de tener empleados que puedan ofrecer un servicio de calidad; que el propietario ha de ser responsable de mantener un stock mínimo de libros y que la tienda ha de mantener una amplia selección de títulos —al menos 6.000 títulos—, la mayoría de los cuales han de haber sido impresos hace un año o más. En este, el primer año, aproximadamente dos de cada tres librerías que se presentaron han sido consideradas aptas para el certificado.

— Las librerías que se hayan hecho merecedoras a esta certificción se podrán beneficiar de exenciones fiscales y subsidios especiales por parte del Centre National du Livre, incluyendo préstamos sin interés para mejoras en el local y apoyo económico para la realización de eventos culturales relacionados con el libro y la lectura. Para impulsar los proyectos relacionados con la LIR se ha asignado un presupuesto de € 500.000.-, y el gobierno estima que las exenciones fiscales ofrecidas serán de un valor superior a los 3 millones de euros.

— Este proyecto es complementario de la “ley Lang” que en 1981 estableció el precio fijo del libro que limita los descuentos a un 5% del precio de lista, y que esta ley, criticada en sus inicios como obstáculo a la libre competencia, 28 años más tarde es considerada un éxito que ha permitido un desarrollo sostenible que ha estimulado a la industria editorial.

— Hoy, muchos atribuyen a esta ley que Francia haya podido sostener una extensa red de 3.500 librerías independientes de gran calidad y aproximadamente 6 mil editores.

— Por supuesto que, en esta era de Internet, en que la recesión mundial y el advenimiento de la digitalización plantea nuevos desafíos a la industria, todo lo que se pueda hacer para sostener a la industria editorial y a las librerías es bienvenido. Los libreros consideran que el certificado LIR será una ayuda.
La noticia finaliza con la declaración de Dominique Mazuet, gerente de Tropique, una pequeña librería de 60 m2 en Montparnasse, que dice:

«De momento, esta designación es como una medalla de chocolate. Eventualmente, veremos los beneficios de las exenciones de impuestos y de los subsidios… el ámbito de la cultura está atravesando un momento muy difícil, pero en Francia estamos bien protegidos.» Mazuet es consciente de que tanto su pequeña tienda como su habilidad para mantener a 3 empleados full-time depende tanto de la ley Lang como de la buena voluntad de sus clientes de continuar comprando en su librería. «Afortunadamente — dice Mazuel— por el momento hemos escapado de los planes de ‘modernización’ impulsados por el gobierno. Si todavía tenemos en Francia diversidad y numerosas librerías independientes es porque la gente le ha dado la espalda a las tendencias económicas.» (!!!)

[Nota: Subrayado y exclamaciones mías. Además, como no creo en las casualidades, no puedo menos que preguntarme por qué Publishing Perspectives recurre, entre tanto librero independiente en Francia, muchos de gran renombre y prestigio, al testimonio de precisamente este...]

Hasta aquí la noticia.

Veamos….

En primer lugar, saludamos esta noticia y coincidimos con que “toda ayuda es buena“. Esperamos que nuestras instituciones gubernamentales tomen buena nota de ello y se animen también a tomar medidas de apoyo fiscal, subsidios para actividades y otorgar préstamos (esto ya sería un triunfo, y si además son sin interés, sería la gloria!!!). Más aún, les invitamos humildemente a, incluso, aceptar el desafío de mejorar un poco más un proyecto semejante.

En segundo lugar, y siempre y cuando la información ofrecida por Publishing Perspectives sea veraz, no hemos podido menos que echar mano de la calculadora y obtener el siguiente resultado:

> De las 3.500 librerías consideradas independientes en Francia, entendemos que se han presentado aproximadamente unas 609 para obtener el certificado de LIR.
> 406 librerías lo han obtenido.
> Si para impulsar los proyectos mencionados se ha asignado un presupuesto de € 500.000.-, y si la calculadora no me falla (he realizado la operación 3 veces para no equivocarme), deducimos que se dispone para subsidios de una media de € 1.231,53 por librería…
Si bien “menos da una piedra”, digamos que los fondos previstos no permitirán hacer mucho más de lo que ya seguramente vienen haciendo. Pero bueno, no seamos negativos, seguramente para el ejercicio próximo conseguirán aumentar el presupuesto. Además, no olvidemos la exención de impuestos, que eso está muy bien. Lo de los préstamos, habrá que ver…

Y en tercer lugar, no podemos evitar preguntarnos si el Centre National du Livre está convencido realmente de la trascendencia de esta medida. ¿Es esta la línea de acción con que las instituciones corporativas pretenden contribuir a la sostenibilidad de las librerías independientes (en Francia?)? ¿Acaso una buena cantidad de librerías, no están haciendo ya actividades para atraer clientes, fidelizar lectores y aún así están desconcertadas sobre el papel que jugarán en los próximos años en que ya no serán las únicas plataformas en que los lectores podrán encontrar a los autores?

Insistimos en lo que dijimos hace unos días atrás [Observaciones sobre librerías]:

«La sensación es de que, o bien las librerías “no se enteran” o “no se quieren enterar”, o que están como “paralizadas ante un tsunami”, como si no se acabaran de dar cuenta de que todos estos cambios que se están planteando también tienen que ver con ellas. Y, por si acaso, que nadie se llame a engaño, la semilla de este cambio no es la aparición del e-book, en todo caso esta es una de las manifestaciones de lo nuevo.»

Los aportes y reflexiones más interesantes sobre esta problemática están proveniendo de personas que están haciendo un esfuerzo por pensar y reflexionar sobre la situación del sector del libro en su conjunto. De los propios libreros, muy poca cosa… como si estas batallas se estuvieran librando al margen, o como si la única posibilidad fuera permanecer en una especie de “expectativa pasiva”, esperando a ver qué tipo de salvavidas lanzan las instituciones o qué medidas que les favorezcan se determinan leyes o normativas mediantes.

No podemos menos que estar de acuerdo con la afirmación que hacía Fran Ontanaya en su artículo ‘Las librerías del futuro‘ cuando decía:

«…varios de los nubarrones que acechan a las librerías venían de antes. El libro digital solamente está deslizando la tierra bajo los cimientos de una casa que ya se estaba cayendo a pedazos. Lo primero debería de ser librarse de la idea de que salvar las librerías es encontrar el modo de que sigan funcionando igual. Por ahí sólo se encuentra la senda del dinosaurio.»

Hoy las librerías ya organizan eventos culturales, usan sus locales para presentar libros, invitar editores a hablar de sus fondos, organizan clubes de lectura para adultos y para niños, exponen artes plásticas, algunas sirven café… eso está muy bien.

También sabemos que es importante que los libreros recuperen o fortalezcan la capacidad de saber orientar, recomendar, aconsejar, sorprender, ofrecer un servicio “personal” al cliente, hacerle sentir cómodo y “cómo en casa” en su librería.

Todo esto está bien, es importante y necesario. Sin eso no hay “futuro”.
Pero sólo con eso tampoco hay “futuro”. No será eso los que les permita una navegación segura en los ríos que se avecinan.
No tenemos respuestas… quizás algunas preguntas:

¿Qué actitud tomar ante el inevitable incorporación de nuevos formatos digitales de lectura?
¿Qué actitud tomar ante el inevitable surgimiento de nuevas plataformas de distribución y venta de libros en dichos formatos?
¿Qué actitud tomar ante la venta de dispositivos de venta de lectura en formatos digitales?
¿Qué opción tenemos a discutir márgenes en la venta de estos formatos?
¿Qué actitud tomar ante la impresión bajo demanda?
¿Qué actitud tendremos ante la posibilidad de ofertar en formato digital y en opción de impresión bajo demanda a una gran cantidad de títulos y autores o bien agotados, descatalogados o lamentablemente desconocidos?
¿Con qué argumentos nos plantaremos delante de los editores que nos seguirán necesitando como plataformas “expendedoras” de libros impresos en tiradas más o menos largas?

Ya no hay nadie en el sector que tenga duda alguna de que ya estamos inmersos en una situación totalmente nueva y de cambios radicales. Agentes, autores, editores y hasta distribuidores están pensando ya en alternativas para no quedar fuera del juego ante la aparición de nuevos modelos de negocio en el sector.

Pero aún no se escucha la voz de los libreros… y las que se escuchan son todavía débiles y manifiestan desconcierto cuando no desazón.
Seguimos con interés a Imanol Agirre y a Eneko Agirre de Librería Garoa. Han publicado un lúcido artículo titulado ‘23.000 habitantes, 15 peluquerías y una librería‘ que empieza diciendo:

«Como dice Joxe Aranzabal el baile ya ha empezado. Hemos estado mucho tiempo esperando para salir a la pista central, pero desafortunadamente el tipo de música no nos despierta las ganas de mover el esqueleto. Aunque nos sabemos la coreografía y todos los pasos de memoria, nos sentimos muy extraños en la pista. Cada vez nos topamos con menos compañeros de baile, y por lo que parece, las librerías no participarán en los próximos bailables. Por muy drástico que suene, nos llega la hora de tomar decisiones importantes.»

Creemos que su esfuerzo merece este debate.

Seguiremos insistiendo… ¿y vosotros?


cnl
Los 6 requisitos para aplicar a la obtención del certificado LIR

1) La empresa a la que pertenece debe cumplir los requisitos del artículo II del 1464 I Código General de Impuestos.
Estos requisitos son básicamente 3:
— La empresa debe ser una pequeña o mediana empresa de acuerdo a la definición comunitaria entrada en vigor en 2005.
— El capital de la empresa debe ser ejercido de forma continuada (bajo la duración del ejercicio de referencia) al 50%, como mínimo:
- por personas físicas
- o por una sociedad cuyo capital es propiedad al 50% o más por personas físicas. Para que una empresa de este tipo pueda ser encuadrada en la definición de PYME no ha de estar ligada por ningún contrato de franquicia con un tercero.
— La empresa no debe estar vinculada a otra empresa por un contrato de franquicia según previsto en el artículo L. 330-3 del Código de Comercio.

2) Por lo menos la mitad de los ingresos de los establecimientos deberán llevarse a cabo con la venta de libros nuevos al detalle [ventas al contado, incluidas las ventas y los clubes de venta por Internet + ventas a término].

3) La selección de títulos en stock deben venderse en un local accesible a todo público.

4) La cantidad mínima de títulos en stock ha de ser:
— Para librerías con ventas de libros al detalle inferiores o iguales a € 600.000.-/año = 6.000 títulos.
— Para librerías con ventas de libros al detalle superiores a € 600.000.-/año = 10.000 títulos.

5) Los gastos del personal asignado a la venta de los libros debe ser de al menos el 12,5% del volumen de negocio de la venta de libros por institución.

6) El establecimiento debe ofrecer todo el año, una organización cultural cuya regularidad y la calidad serán evaluadas por el comité.

Acceso a la información completa.

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Hay 4 comentarios para este post

  1. Marta dice:

    Como siempre, habéis planteado la cuestión con perspectiva. Es cierto que es importante que se “cuiden” los negocios más tradicionales, que peligran siempre con las grandes superficies. Eso es cierto, y que la ayuda nunca viene mal para que no se pierda esa atención personalizada, ese conocimiento e interés que encuentras en librerías con encanto, con personal muy especializado y donde siempre encuentras verdaderas joyas. Pero me asalta la duda de los condicionantes que deben cumplir las candidatas. Sobre todo me preocupa el tema del stock, lo cual está limitando como bien comentáis posibles nuevas formas de encarar el “negocio” de las librerías. No obstante, mi apoyo a las denominaciones de origen siempre ;)

    • Henry dice:

      Hola Marta:
      Gracias por tu comentario.
      Mucha razón llevas sobre las “condiciones” referidas al stock de libros “físicos” (p-books). Parecen ayudas que miran hacia atrás o fijadas en funciòn de un modelo de cadena de valor que precisamente está en plena ebullición y no hacia adelante. La ide de la D.O. no es mala, pero estaría mucho mejor que potenciara la innovación, ¿no te parece?
      Seguimos.

  2. Marta dice:

    Sí, Henry, tienes razón. Parece que conceptos como “denominación de origen”, algo con mucha solera, con tradición, que gana con los años,… va un poco reñido al concepto de innovación, modernidad, nuevas tecnologías… posiblemente es necesario un cambio de mentalidad en todo esto, conclusión común a la que siempre llegamos con estos temas. Pero bueno, se hace camino.

    • Henry dice:

      En el caso de las librerías, D.O. podría significar: atención cualificada, orientación, recomendación, búsqueda, servicio, sugerencia inteligente, espacio de diálogo y encuentro con autores y editores, información de nuevos autores o nuevas literaturas… muchas cosas que si bien son tradiciones de siempre, en un entorno de innovación y nuevas tecnologías adquieren un nuevo significado. No crees?

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