¡El eBook no es el tema!
Conversamos en Liber 2009 con Luís Collado, responsable para España y Portugal del programa “Google Book Search”, junto a Pablo Francisco Arrieta, Martín Gómez, Margarita Valencia…. Y sí, el eBook no es el tema: el tema es la red.
En este entorno Tökland no le venimos parando demasiada atención al tema del libro electrónico y, desde luego menos, al trasunto de los nuevos dispositivos de lectura -cacharrería electrónica, ¿verdad? Por el contrario, nos vienen interesando mucho más las posibles acciones derivadas para las que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la red, puedan ser vehículo de valores culturales. Y si por el camino hay que establecer un pacato offline, pues bien.
No significa que no nos interese; no significa que no seamos usuarios ni consumidores, ni que estemos a favor o en contra del libro electrónico (en sus dos vertientes: soporte y contenido): significa, que pensamos que no aporta demasiado a esta conversación que mantenemos con ustedes sobre Lectura XXI; significa que pensamos que no aporta demasiado a la conversación sobre Edición XXI que mantenemos tanto desde el Observatorio Tökland, como desde el Observatorio Iberoamericano de la Edición independiente (OBIEI).
En el primer caso, porque oiga, nosotros ya somos lectores “en pantalla”: leemos en notebooks, en smartphones, leemos en la nube… y si hace falta también, sobre eReaders: pero no hacemos bandera de nuestra orientación sexual, en especial: preferimos el amor por la lectura ( y ya). Y en cuanto a lo segundo: nuestro discurso conversacional (así también nuestro discurso comercial en Pensódromo en relación al sector de la edición) trabaja sobre la idea simple y contundente de que si no hay realmente un plan de cambio de paradigma (como dicen por ejemplo “Los paradigmáticos”…) el tema es, sencillamente, irrelevante. Y si lo hay, es un tema sí, como pueda serlo la edición de contenidos para un iPhone, la relación entre el sector de la edición el la industria de los videojuegos, o el usufructo de las opciones avanzadas de la plataforma Amazon.
Dicho esto… Es un hecho que las grandes transformaciones que están afectando al libro y a la lectura, eso que nosotros venimos llamando Edición XXI, inciden también en la formación de nuevos editores y en el desarrollo de nuevas herramientas. Los editores de corte tradicional implementan innovación en sus procesos de edición (pongamos que es así) en la forma y medida que aportan valor, bajo el axioma de que “todo lo que no genera valor genera pérdidas”. Ocurre, no es difícil suponer, que finalmente la hoja de ruta (de implementación de innovación) viene mucho más determinada por el día a día y la capacidad de invertir (en cash) en I+D, que por su voluntad de innovar, mejorar o diferenciarse de su competencia.
Alfons Cornella tenía razón cuando advertía que “la implementación de innovación, tiene lugar cuando está en juego la supervivencia”. La innovación, “sufre igual suerte que la que Croce consideraba típica del Arte: todo el mundo sabe perfectamente lo que es, y nadie teme individualizarlo y predicarlo, pero nadie es capaz de definirlo” que decía Umberto Eco en la Estructura del mal gusto (Apocalípticos e Integrados, pág. 83 / Lumen, duodécima edición, 1999). De esto se deriva que estos procesos nunca están exentos de conflicto y nunca significan lo mismo, en el mismo momento, para todas las casas editoras
Cuando Umberto Eco escribió este emblemático, apoclíptico e integrado libro, en 1968, opinaba que no era utópico pensar “que una intervención cultural pueda modificar la fisionomía del fenómeno de los medios de masas como vehículo de valores culturales”, en un contexto donde la producción del libro se ha convertido en un hecho industrial, sometido a todas reglas de producción y consumo. Umberto Eco se refiere a procesos de conciencia progresiva que, una vez iniciados, no son ya controlables por quien los ha desencadenado y que de ello, se desprende la necesidad de una intervención activa de las comunidades culturales en la esfera de las comunicaciones de masa.
Vivimos alrededor del tema del libro electrónico mucha prefabricación e imposición del efecto, de sus virtudes, de su potencial; tratando de generar en nosotros, oh sufridos consumidores de estas próximas navidades, un efecto sentimental, ya provocado y comentado, ya confeccionado, de modo que el contenido -realmente lo que de verdad importa- queda reducido a la anécdota y al volumen. No hay más que ver el trasfondo de los gestos de las majors del sector en sus tímidos acercamientos al fenómeno del libro electrónico.
Articulándose pues como una comunicación sensiblera en la que el proyecto fundamental no es involucrar al lector en una aventura de descubrimiento activo (y transmedia) sino simplemente obligarlo con fuerza a adquirir un nuevo producto imposible de no tener. Los contenidos, la literatura, se propone como un cebo ideal para un público perezoso y atontado que desea sobre todo participar de los valores de la rabiosa actualidad, y convencerse a sí mismo de que los disfruta, sin verse precisado a perderse en esfuerzos innecesarios.
En esa línea opinábamos el pasado 2 de septiembre en la entrada “2006 – 2009: ¿de verdad han cambiado tanto las cosas?“… Lo que está claro es que en el inminente entorno digital del libro, hay dos planteamientos básicos que debe tener claros el mundo editorial: participar activamente en el nuevo paradigma supondrá producir contenidos «multisoporte» y «multidispositivo», por un lado, y desarrollar plataformas de integración con las librerías como canal de prescripción y distribución, por otro.
Negar la evidencia o cerrarse en banda al lenguaje digital es dar la espalda a un mundo que cada día crece más y en el que todos estamos, querámoslo o no, llamados a integrarnos. No, ha corrido mucha agua informacional bajo el puente del sector, ha llovido mediáticamente mucho sobre los paraguas de la edición pero no, no han cambiado tanto las cosas. Que el griterío y las prisas por morder un pedazo del pastel del libro electrónico no nos confunda: no hay grandes cambios entorno a los futuros del libro, no hay grandes oscilaciones hacia un nuevo paradigma en la edición… Y sobre todo, mucho ruido económico, pero pocas nueces financieras.
Hablamos de la pervivencia e importancia de la labor editorial y de que los editores tienen que estar donde está la gente, ser conscientes de cómo están afectando las nuevas tecnologías al sector editorial. Es necesario integrar el trabajo editorial en el nuevo mundo tecnológico, para no perder el tren y convertirse en algo obsoleto. Hay que dejar pasar tiempo para que haya una adaptación paulatina entre los hábitos de lectores y editores y la tecnología existente (y futura). Por lo tanto el mundo editorial tiene que renovarse, estar abierto a conocer lo nuevo y estudiar la capacidad de las tecnologías para mejorar los procesos. El libro electrónico incluido, sí, pero no únicamente. Si esto no sucede así, habrá muerto antes de nacer verdaderamente.
Hace un tiempo, en una conversación entre Luís Collado y Javier Aparicio Maydeu, que titulamos con ironía “La maldad del hipervínculo” comentábamos que uno de los problemas principales que existen hoy tiene que ver con la forma de lectura que se plantea en la web, un medio tremendamente distinto a la literatura. Los nuevos medios propician un tipo de lectura que afecta a la formación de pensamiento del individuo fragmentando su discurso. Esta lectura fragmentada, que nos guía de hipervínculo en hipervínculo, puede ser uno de los motivos de que decaiga el esfuerzo de leer un libro y sintetizar su contenido, de interiorizar lo que se dice y formarse una opinión completa: se forma un puzzle con diversas piezas de varias obras, con lo que el discurso se descontextualiza. Es aquí donde hay que trabajar. El libro electrónico anilla sobre el dedo actualmente erguido del sector editorial porque de alguna manera es más de lo mismo. Escuchen al escritor Lorenzo Silva, por ejemplo, en las pasadas jornadas “Del Sinodal al Digital” en la Feria del Libro de Madrid 2009…Y lo que señala.
En cuanto a la polémica sobre el libro digital y la postura de las editoriales, es un tema que pasará como llegó. Los diferentes soportes van convivir, ya que cada uno tiene sus propias ventajas e inconvenientes. Precisamente por esa confluencia de formatos, “como lectores estamos en un momento dulce”. El reto pendiente del español es la creación de contenido en red. Sólo el 5% del contenido de la Red está en español (decía en mi intervención, ya puestos, en aquellas jornadas sobre el libro electrónico en la Feria del Libro de Madrid 2009).
Es fundamental que antes de meter una patita en el azúcar de este tema, los editores afronten con garantías lo que significa la digitalización de sus fondos. Hay todo un maravilloso e intenso metaverso de metadatos más allá de la pedeefización. Y empezar, como dijo Sara Lloyd, directora de Pan Macmillan, en la pasada Feria del Libro de Frankfurt, por “echar un vistazo de 360º y encontrar formas de aportar valor en todas las dimensiones: donde el libro es parte de un mundo muy extenso que vive y respira fuera de la página impresa; donde la comunicación online entre autor y lector, y lector y lector la facilita el editor; donde el editor tiene que apuntar a crear experiencias y no simples productos; donde los editores entienden que se trata más de cómo llevar a cabo la tarea de entretener e informar que de transformar libros impresos en libros digitales; donde lo digital desempeñe una parte integrante de las estrategias de los editores”.
Tiene toda la razón Michael Cader cuando afirmó en el Financial Times el pasado año: “La edición todavía es un negocio alrededor de los libros… y necesita convertirse en un negocio alrededor de los lectores.” Por eso tampoco el eBook es el tema: porque sigue teniendo como eje el libro (electrónico) en un soporte (electrónico). “…pensar que el problema es cómo convertir el texto de un libro para que se lea en un iPhone es enfocarlo mal” dice Sara Lloyd. “El reto es cómo usamos un medio que comparte tres de cinco de nuestros sentidos (ojos, oídos y boca)– con la geolocalización, video a color, y casi siempre una conexión a la web… Hay que pensar en lo digital como una parte integrante de un todo y como una forma de extender la experiencia del lbro, la marca y el autor hacia todos aquellos lugares en los que el lector puede entrar en contacto con ellos”.
Google, con movimientos independientes al programa Búsqueda de Libros) se sitúa –como dice atinadamente José Antonio Millán en esta entrada del pasado 19 de octubre en relación a “Google Editions”– en un campo específico: no saca un lector (eReader) propio (a lo Kindle o Sony), ni crea una tienda exclusiva (a lo Amazon o Apple), sino que se convierte en 1) proveedor de digitalización y formato; 2) intermediario para ventas de las editoriales (estén estas o no o no unidas a otra plataforma digital, es decir: de forma no exclusiva); 3) proveedor de medio de pago (absorbiendo la parte de negocio que podrían llevarse empresas de tarjetas de crédito o de pago en la red, como PayPal) y 4) con toda probabilidad, gestor de redes sociales de lectores al estilo de Librarything. Se ha hablado sobre todo de los aspectos 1 y 2, pero para mí los 3 y 4 pueden acabar siendo los que tengan mayor interés… Todo ello Google lo hará en un medio que le es conocido, y donde hace las cosas muy bien: aplicaciones puras de Internet. Al tiempo, su sistema de “acceso pero no propiedad” y posibilidad de copia sólo parcial, borrará fantasmas de “piratería” de la mente de sus partners editoriales.
…A remolque de las políticas gubernamentales relacionadas con la conectividad, a rebufo de los chanchullos de las empresas transnacionales de telecomunicaciones, y mismamente de los gobiernos en relación a sus ciudadanos.
> Martín Gómez también lo comenta en El ojo fisgón…
















[...] ¡El eBook no es el tema!tokland.com/blog/index.php/2009/10/%C2%A1el-ebook-no-es-el-t… por bydiox hace pocos segundos [...]
Un gran titular con el que estoy totalmente de acuerdo. En todos los medios se está hablando de dispositivos, de plataformas, de formatos pero muy poco sobre contenido digital más allá del libro electrónico, sobre formas y comportamiento en la lectura digital, sobre las conversaciones en la red editor-autor-lector, etc. En el formato papel, ¿al lector le ha interesado demasiado si un libro estaba maquetado en Quark o en InDesign? Lo que queremos descubrir son estimulantes lecturas y cómo acceder a ellas.
Así se habla Silvia!!!
Saludos desde Tökland
[...] ¡El ebook no es el tema! Fuente: Revista Tökland [...]