Leer o no leer, esa es la cuestión
Y para acabar este especial sobre las Jornadas sobre el libro digital, “Del Sinodal al digital”, organizadas por el Observatorio del libro y la Lectura, promovido por la Dirección General del Libro y la Lectura, os dejamos con estas palabras de su Director General, Rogelio Blanco, pispeadas de una entrada del sábado pasado en el blog de Roger Michelena (Venezuela).
Actualmente hay una visibilidad desmedida en torno a los nuevos soportes de lectura. En la década de los 40, Marshall McLuhan ya planteó la muerte de la Galaxia Gutenberg. Sin embargo, los editores continuaron publicando más y mejor. Luego, fue Bill Gates quien escribió un libro explicando la transformación que se avecinaba. Y los editores siguieron publicando más y mejor. Hoy, el sector se encuentra ante un nuevo paradigma tecnológico y yo creo que, cuando la alarma pase, los editores publicarán más y mejor. Quiero decir que los nuevos soportes de lectura, como el eBook, son una realidad que ya triunfa en ciertos campos, como el enciclopédico y el jurídico, pero que no desplaza la realidad existente. En el futuro cohabitarán ambos modelos, el tradicional y el tecnológico, pero aún no ha llegado ese momento porque los nuevos soportes todavía no ofrecen suficientes servicios como para que la gente los use de un modo cotidiano.
Aún así, es evidente que los editores y los libreros se adaptarán a las nuevas circunstancias. Hablamos de un sector maduro que avanza de forma reflexiva, con criterio y aplicando la experiencia. Del mismo modo, los creadores se adaptarán a los nuevos tiempos, como hicieron cuando tuvieron que sustituir sus máquinas de escribir. Y el lector continuará leyendo independientemente del soporte.
Aún así, me gustaría lanzar una pregunta: desde el punto de vista de la autonomía, ¿qué es mejor: un libro o un eBook? La respuesta es evidente: el libro es absolutamente autónomo. No necesita batería, no se estropea… Es tecnológicamente perfecto. Borges ya definió el libro como uno de los grandes inventos del hombre.
Y el aumento de usuarios de las bibliotecas es una demostración de que cada vez leemos más. No hay otra institución tan cercana a la gente y en los últimos cinco años han experimentado una evolución extraordinaria. Un ejemplo: en 2004, cuando España ya era la cuarta potencia mundial en producción de libros, nuestras bibliotecas estaban sumidas en una especie de indigencia de contenidos. El ratio de documentos por habitante era de 1,2, cuando la IFLA/UNESCO determina que un país desarrollado debe tener un ratio superior a 1,5. Para arreglarlo, aumentamos en un 15.000% el presupuesto para la adquisición de documentos, y logramos un ratio en 2008 de 1,69.
Por último, creo que en el debate no deberíamos olvidar el punto final de este proceso: el ciudadano-lector. Centramos el debate en los creadores, los editores e, incluso, los soportes. Si partiéramos del lector, la reflexión, a veces nerviosa, quizá sería menos apocalíptica.














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