Argentina 1976 -¿2.0?
Como introducción a la tercera y última mesa de las Jornadas sobre el libro digital, Del Sinodal al digital, “Los lectores en digital”, y a vueltas con esto de los eBooks y los eReader -me dice mi padre… Si por aquel entonces, ¿te imaginás? yo hubiera tenido uno, y quizá mi biblioteca prohibida en él. Y mis discos prohibidos en un iPod, por ejemplo… Todo hubiera sido distinto ¿verdad? Nos reímos. Hubiera sido muy distinto, sí.
Un territorio común que compartimos y que yo no he olvidado jamás, tiene que ver con el momento en que acompaño a mi padre a quemar libros y discos que de repente se volvieron tremendamente peligrosos cuando el General Videla da el Golpe de Estado. Yo tenía seis años, y él veintinueve. Entonces algunos edificios de Buenos Aires tenían su propio incinerador de basuras: en cada planta había una escotilla por la que se tiraba la basura, que a su vez caída a una caldera infernal donde se quemaba todo. Luego, se abandonó esta práctica por no ser muy ecológica… Hicimos añicos una buena cantidad de libros (él era librero entonces, en la librería La Aurora, en la Avenida Corrientes) y de discos.

Henry Odell - Director de Programación y Desarrollos Web en Pensódromo / FOTO: Pablo Odell
Si en Argentina en 1976 hubiera tenido un iPod o un eReader, sólo con un buen martillazo hubiera modificado la ecuación riesgo/seguridad personal… ¡Qué digo! ¿Para qué destruirlos?… Con clikar la opción ‘Borrar todo’ hubiera eliminado un gran volumen de música y libros que sin duda serían prueba irrefutable de la conveniencia para el “orden” de ser encerrado en una celda de algún “chupadero”. En cambio, asumí riesgos y provoqué que otros los asumieran en la lucha contra el tiempo para hacer desaparecer cualquier tipo de libro o disco que pudiera ser considerado subversivo. Libros de historia, de economía, de política, ensayos, novelas. Y cómo no… discos con canciones de la resistencia española en épocas de l939, con poemas de Neruda, con poemas Guillén, de Marcos Ana…
Por ese fenómeno que tiene la mente humana de establecer asociaciones a velocidad neurológica, a través de un enlace en el perfil de Facebook de Roger Michelena:
“Tendemos a olvidar que los libros, obviamente vulnerables, se pueden eliminar o destruir.”
Me hizo considerar un aspecto que brilla por su ausencia en toda la discusión que he podido ver en la red relacionada con los eBooks, los eReaders y todo tipo de dispositivos de almacenamiento y reproducción y lectura en soporte digital. Todos parecen estar preocupados por el nivel de inserción del soporte, por las especificaciones y precios, por cuál será el modelo que se impondrá en el mercado… por cómo se gestionarán los derechos de autor, cuáles serán los márgenes de beneficio, qué se ganará, qué se perderá… conviene o no conviene.
Pero, para aquellos que pensamos que la letra escrita o cantada tiene poder de ser crítica, incluso peligrosa para los sistemas políticos dogmáticas y dictatoriales, estas herramientas tecnológicas adquieren una dimensión diferente. Ya no se necesitan estantes para albergar todos esos libros que finalmente fueron a parar a las incineradores o a las cañerías o a los basurales o a los costados de las vías de tren. Ya no es necesario correr el riesgo de ser detenido cuando nos ocultábamos en las sombras para hacerlos desaparecer. O cuando los transportábamos bajo el colchón del cochecito de nuestros bebés. Un poco de democracia tiene la virtud de hacernos creer que las dictaduras son cosa del pasado. También hubo democracias antes de aquellas dictaduras. Y acaso ¿no las hay todavía?
Todas aquellas personas que hoy militan en algún tipo de resistencia activa contra algún régimen dictatorial no están participando de esta discusión… pero me imagino que se sentirán felices pensado en la posibilidad de disponer de alguna de estas herramientas que les permitirá transportar libros de lectura necesaria y conveniente, voces de líderes o compañeros proscritos, música y canciones para animar la esperanza.
Y esto también es un ‘valor’…
En 1976 tuve que desprenderme de muchos libros que ya no me fue posible volver a conseguir. Sin duda “el papel es vulnerable”. Cuántos valiosos ensayos no sólo no se habrían perdido si sólo hubieran estado digitalizados, sino que tampoco habría sido peligroso leerlos y “tenerlos”. Cuánto más fácil habría sido divulgar lo que tan difícil era conseguir.
Bienvenido eBook. Bienvenido eReader. Mientras muchos están pensando en si sí o si no. Yo me anoto a pensar con otros en cómo hacer llegar estas herramientas a los que las necesitan para contribuir al avance de sus sociedades.
Henry Odell














Estaba leyendo cosas en Tokland cuando mi vista se detuvo en la entrada: Argentina 1976…Qué me iba a imaginar lo que venía detrás de ese título! Recuerdo cada minuto de aquellos tiempos y los has plasmado con absoluto rigor.Gracias. Ahora, con estos nuevos medios, vemos, por fin, la posibilidad de formar la gran biblioteca de Alejandría que preservará el conocimiento de la humanidad, para todos y cada uno de sus individuos. Pero como siempre…hay que estar alertas para que para que a nadie se le ocurra borrar todo de un plumazo. Te agradezco y felicito por tu escrito.
Gracias Madre ; )
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