Juzgar un libro por su cubierta


El futuro del libro está a la vuelta de la esquina: destruyamos el formato, destruyamos el vehículo y quedémonos con el mensaje, con el contenido, con las ideas.

O con las tapas, para el caso…

Una mujer estadounidense que trabajó durante años en una tienda de libros usados, harta de ver como montones de libros acababan en la basura, decidió hacer algo al respecto: usar las tapas de los libros para hacer bolsos.

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No todos sirven claro: los escogidos que se libran de la quema para reencarnarse en objetos de lujo (de cien dólares no bajan estos bolsos) son aquellos lo suficientemente afortunados para editarse con tapa dura. El resultado es bonito, no se puede negar, y la creadora de los librobolsos tiene buenas intenciones: afirma que no se deshace de las páginas, conmovida por un sentimiento de nostalgia hacia la palabra escrita, y las ofrece a los compradores de los bolsos o a programas de alfabetización que quieran utilizar los libros desnudos.

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No es una mala propuesta para aquellos que se compran los libros para aparentar y luego nunca los leen. Al menos es más honesta.

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