Dotar los hogares con biblioteca básica


Ayer, a partir de unas imágenes en el blog de Txextu, recordábamos aquello de Qué quieren mis usuarios o dónde pongo mis libros. Vía El Informador, Guadalajara / Jalisco, nos llega la noticia de una propuesta que Felipe Calderón anunció el miércoles pasado –al promulgar la Ley de Fomento a la Lectura y al Libro- de dotar las viviendas populares con una biblioteca básica de entre 15 y 20 ejemplares, que ha sido bienvenida en términos generales por escritores y promotores culturales en Guadalajara, ya que –dicen- es “como crear una dieta cultural mínima para los mexicanos”, aunque reconocen la necesidad de implementar programas paralelos de fomento a la lectura. La directora de la Feria Internacional del Libro, Nubia Macías, opina que el proyecto es “espléndido” y “lo aplaudo con entusiasmo” porque es el comienzo para que la gente empiece a construir sus propias bibliotecas. La experiencia arrancó en Argentina hace unos años y ha sido “muy exitosa pues incentiva la lectura dentro del hogar, que en general ha estado relacionada únicamente con la formación. Entonces, tener un pie de biblioteca en tu casa te acerca a los libros de manera lúdica”.

CV

Tiene su coña mediática situar un libro de Moby Dick en una parada de pescado, o uno de Blancanieves en una frutería. Pero lo que leemos en El informador resulta verdaderamente interesante, ya que sublima un desencuentro en el mercado: combina unidades de libros que no se han vendido, con unidades de lectores que no han podido comprarlos… Triangular una campaña así, público-privada, con el objetivo de situar entre 20 y 30 buenos libros en las casas, como parte de una posible gastronomía lectora, será siempre más beneficioso que la compra de armas por ejemplo. Así sí que vale la pena situar los libros…

Recuerdan esta otra noticia mexicana…

Libros de saldo en Ciudad de México para evitar la trituradora y Las editoriales colman el interés de los lectores con más remesas: una misma noticia desde dos caras periodísticas de ambos lados del Atlántico.

EFE

Hay libros y hay lectores interesados en los libros… Por tanto la cuestión no es de Márketing, sino de Sociales… Pienso.

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Hay 7 comentarios para este post

  1. Me parece acertado “crear una dieta cultural mínima”. Incentivar el desarrollo de bibliotecas básicas en los hogares es un paso necesario para promover la lectura. Pero, antagónicamente, montar bibliotecas en cada hogar es algo utópico y deja de ser un paso necesario sino el fin mismo en sí.
    ¿Cómo definir lo que debe incluir una biblioteca básica? ¿Quién lo define? Hace unas horas estuve en un supermercado y me puse a ver si me animaba por algo, en ese momento pasó un niño de unos doce años pidiéndole a su papá que le comprara un libro: el pedido fue en vano. La pregunta sería: en un hogar donde los adultos no están dispuestos a comprar libros, ¿quién definiría la compra?
    A lo que quiero ir… es igual de importante generar bibliotecas en escuelas con una muy buena dieta cultural para llenar los vacíos que a veces deja la ignorancia generacional.
    Saludos a todos!

  2. Pablo dice:

    De acuerdo Juan Miguel que una cosa es incentivar la lectura a partir de gastronomías bibliográficas en los hogares y otra, ponderar la creación de bibliotecas hogareñas. Estoy contigo que esto segundo es algo utópico… Pensar en qué debe incluir una biblioteca básica, y en consecuencia, quién lo define, aunque es un tema no menor, no creo que sea el meollo de la cosa: quiero decir: si la acción la llevan a cabo Editorial X y el Gobierno Mexicano, por ejemplo, alguien pro-gubernamental quizá se vea obligado a escoger dentro de un Catálogo X… Si la acción trabaja de forma combinada catálogos de varias editoriales, sin duda aparecerá en escena el sabedor de turno para realizar la selección. En cualquier caso, más que los títulos en sí, que insisto no es un tema menor, es que se sitúen libros allí donde naturalmente no hay (y bien podría). Por eso me gusta separar, y creo que estas noticias contribuyen a ello, lo que es la compra de libros de la lectura de libros. Seguramente en muchas casas, el libro no constituye un objeto de valor en el que gastarse unos pesos (los libros en general no son baratos, pero tampoco caros), pero si un bien cultural del que gozar (si fulano y mengano me lo regalan). Por descontado de que hablo de dar físicamente los libros, llevarlos hasta el centro mismo de la casa, no dar un dinero…

    Pero sin duda alguna todo esto ha de ir a rebufo de una buena política bibliotecaria en las escuelas. De nada sirven estas dietas culturales si en las escuelas no garantizan ciertos regímenes.

    Saludos desde Tökland Juan Miguel.

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  5. Estimado Pablo:
    Estoy completamente de acuerdo contigo, aunque sinceramente mi comentario era a nivel micro y no pensaba llegar a un nivel macro. Lo que deseaba plantear en sí es que en una sociedad en donde el analfabetismo funcional tiene un rápido desarrollo, ¿quién está en capacidad de sugerir títulos que sean atractivos, que promuevan la lectura y que sean a la vez “divertidos” (eso muchas veces se olvida)?. En un hogar en donde los padres no tienen el hábito de la lectura, no sé ellos qué tan buenos electores de títulos puedan ser. Por eso decía que quizás el ambiente ideal para este descubrir o promover podrían ser las bibliotecas escolares (que cuentan con una mayor cantidad de títulos y una asesoría adecuada, se supone) y de ahí, al mismo tiempo, incentivar al desarrollo de las bibliotecas del hogar.
    Tal vez hablamos de realidades diferentes.
    Lamentablemente, en el Perú las diferencias son muy marcadas (en todos los aspectos) y siempre surge un nuevo problema (o varios) ante una propuesta de solución.
    Un abrazo, Pablo, y gracias por el diálogo.

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  7. Pablo dice:

    Hace un par de días discutí esta cuestión, alrededor de esta entrada y el diálogo que ha fibrilado con la editora Ana Zendrera (Sirpus) quien piensa como tu: me criticó precisamente la visión macro, la forma en que se llevan a cabo estas acciones, el bombo y platillo que las acompañan, y la chapucería con que se resuelven (también en Argentina, donde ella conoce bastante bien lo que se hizo, que por cierto difiere bastante de “lo que me contaron que se hizo”). Y también, al igual que tu, sostiene la necesidad de reforzar las bibliotecas escolares… Es cierto que en un mundo perfecto acciones así podrían llevarse a cabo con eficacia y buen sentido… pero del mismo modo en un mundo así, no habría que recurrir a esos trucos. Y es cierto que para libar el valor real de acciones en esta línea, hay que contextualizarlas (y yo no lo hacía en mi comentario).

    Me gustaría Juan Miguel conocer más a fondo la realidad peruana a la que haces referencia a fin de poder contextualziar en el territorio algunas propuestas que están funcionando en otros lados.

    Continuamos pues… Un abrazo.

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