Leer es peligroso
De la lectura de la reseña de Robert Saladrigas en el Cultura/s de ayer 23 abril de 2008, sobre el libro de Alan Bennett “Una lectora nada común”, es imposible no quedarse un momento pensando en los peligros y las consecuencias de una lectura …pero de la lectura compulsiva. Algo que tiene más que ver con desordenes de ansiedad que con la lectura en sí. Compeler, es obligar a alguien, con fuerza o por autoridad, a que haga lo que no quiere. ¿Son por lo tanto los lectores compulsivos, no-lectores que se obligan a leer? Iría por ahí, pareciera. Porque parece incompatible disfrutar de los descubrimientos que proporciona la lectura desde conductas repetitivas y aparentemente finalistas, que se realizan según determinadas reglas de forma estereotipada sin un fin en sí misma. Por lo general, el individuo reconoce la falta de sentido de la conducta (algo que no siempre ocurre en niños pequeños) y no obtiene placer en llevar a cabo esta actividad, aunque le procure un alivio de su tensión.
La energía profunda que orienta nuestro comportamiento lector hacia un fin, se descarga al conseguirlo, no se vomita, no harta, no engorda. Leer hasta el punto de perder la realidad de vista es como amar hasta caer en la sinrazón o comer hasta el hartazgo… No digo que no sean experiencias interesantes, pero no tienen que ver con la lectura más que con la impuntualidad o el desasosiego. Lo compulsivo, en este caso, no es un homenaje impagable al poder libérrimo y enriquecedor de la literatura, al músculo subversivo de la lectura como apunta Robert Saladrigas al fin al de su columna.
¿Por qué será que lo compulsivo parece bien visto cuando se trata de lectura? En el caso del libro que se comenta se trata de una persona, nada menos que la Reina de Inglaterra, que de golpe se le abre el ventanal de la lectura como a otras personas traspasan el umbral de la lujuria. Puedo entender entonces que para un no lector, la lectura pueda ser un golpe inesperado y sorprendente que absorva todo un ser entero… pero carenciado, conviene no olvidarlo, profundamente carenciado.














[...] un ser entero… pero carenciado, conviene no olvidarlo, profundamente carenciado.” LEIDO EN: TOKLAND Autor: Roger [...]
yo soy una lectora compulsiva y mis amigos dicen que me va a estallar la cabeza de tantos libros que leo.
Hola Clau,
Te lo dicen para poder estar cerca y recibir todas esas historias ; )
Saludos desde Tökland