Sólo palabras
El objeto… La manipulación. Confrontado un bebe de un año al Premio Nobel de Literatura Doris Lessing… ¿Un buen libro? Sólo palabras…
Alberto Manguel el sábado pasado en Babelia / El País…
Libros buenos y libros malos: todo lector lee en un bosque de libros calificados de antemano. Por aquí han pasado batallones de Linneos clasificando rigurosamente cada espécimen de sobresaliente sin reservas, de excelencia moderada, de muy bueno, bueno o regular, de malo con reservas, muy malo, abominable. Según el contexto (diletante, universitario, periodístico, de tertulia o comercial) las etiquetas cambian. Buenos son aquellos clásicos, en su mayor parte hoy disfrutados por un puñado de excéntricos arqueólogos, cuyos nombres conocemos epidérmicamente. Buenos son los libros premiados en arreglos prenupciales, que sin sorpresa alguna ascienden las gradas de ese efímero Parnaso que son las listas de best sellers. Buenos son (ésta es la definición que busco) las obras que, secretamente, cada lector elige para sí (…). La bondad de un clásico reside en su calidad de palimpsesto: mientras más capas de lectura acumula, mejor es, porque mejor, más interesante, más complejo va pareciéndole a las sucesivas generaciones que no se resignan a olvidarlo. Cada lector avisado encuentra en él aspectos nuevos, vetas no exploradas, sentidos insólitos, pero también una suerte de familiaridad, una sensación de reencuentro. Un clásico nos abre puertas inesperadas sobre vistas ya conocidas, paisajes de infancia: leemos en él lo que de alguna manera ya estaba en nosotros. Precisamente porque en literatura no logra decirse todo (o sólo logra decirse muy poco) el lector puede llenar los entrelineados y silencios con batallones de significados y muchedumbres de interpretaciones.














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